domingo, 7 de abril de 2013

Cuando el cerdo encuentra a la tortuga

Voy a hacer malabares con palabras para disimular que te estoy escribiendo a ti.

                        felicidades

                 mously             8deabril

                porque                 un
    
                 eres                  tengo

                  de                  que
     
                    lo               bonito
                            más  

Abril es uno de esos meses que te obliga a a sonreír.  
Ya sea por la lluvia o por las sustancias alucinógenas que ella conlleva, 
la que importa eres tú.

Empezaría dándote las gracias por todo, 
pero ese principio ya se quedo en fin 
en todas 
las cosas que te he escrito.
Te diría
que lo siento 
por todo eso de los
insultos y puñetazos
formateados a estrés.
Pero como eso ya lo sabes,
tendré que llamar a Poesía
para que nos salve.

Entonces me la jugué y creí ser valiente para contarte historias, para taparte todas las noches de invierno cuando hacía frío,  para reírme de tus caras de imbécil de todos los días,  para llorar delante tuyo y para salvarte todas tus lágrimas de historias con precipicios más altos que mi autoestima.

(Para y

Siempre le tuvimos miedo a ese vacío de hojas en blanco. Entonces miramos al cielo y empezamos a escribir.

nunca paramos.)

No le pusimos medida a nuestros estados de animo, tampoco a nuestros jueves de movida ni a domingos de estudio.

Solo mediamos el amor, y las lágrimas que siempre hay de por medio.
Y entonces es cuando sé que dejo de jugármela al decirte que te quiero.
Porque lo hago,
aunque nunca termines de creértelo.


Entre distancias, dudas, y delirios, historias que se quedan en intento de.


La tortuga encontró al cerdo. O el cerdo la encontró a ella. Da igual. El caso es que el cerdo se murió de dolor al saber que ella tenía su regalo lejos de él. Y voló..  
Voló a París, para buscar su regalo.
Por el camino sabía que los secretos que esa cajita escondía no deberían ser los suficientemente buenos.
Y se dejo el corazón en Madrid con su llave de repuesto.
Él siempre decía que a Madrid le faltaba algo. Definía sus paisajes insípidos  dando protagonismo a su tortuga. Estaba claro que era su pequeña musa, y que si Madrid estaba perdida con ella, sin ella era un antro de mierda que nadie podía llenar. Escribió mil relatos mirándola y abriendo su caparazón. El tic tic tac del abrir y cerrar decía que le ayudaba a plasmar sus ideas. Nadie lo entendía. 
Él la escribía a ella, y cuando su valentía se manifestaba para darse a leer solo recibía risas.
Poco a poco dejo de escribir, pero la pequeña musa seguía ahí, con su caparazón de por medio. 
Nadie tenía nada que hacer con sus palabras, así que el invierno se vengó de él, y las quemo para que sus sentimientos cobraran el papel de calor, y refugiarse del frío.
A la mañana siguiente no había tortuga.
Pero todavía se conservaban todas sus palabras.
Menos dos.
Entonces el "te quiero" ganó protagonismo y le guío a París.
Allí estaba ella.
Esperándole.
Y cuando su pequeño caparazón se abrió...
















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